FORO MAGIC THE GATHERING

Bienvenido/a Invitado a la Mayor Comunidad de Magic The Gathering en Español.
 
ÍndicePortalCalendarioGaleríaFAQRegistrarseConectarse

Comparte | 
 

 El Quinto Amanecer - Epílogo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo 
AutorMensaje
Zimba
Elfos de Llanowar
Elfos de Llanowar



Cantidad de envíos : 117

Masculino Edad : 32
Localización : Buenos Aires
Fecha de inscripción : 27/12/2012
Reputación : 74
Actividad : 361

Ver perfil de usuario

Mensaje(#) Tema: El Quinto Amanecer - Epílogo 12/06/17, 09:02 pm

Epílogo

En el corazón de un mundo de metal, una elfa y un trasgo vagaban entre una ruidosa multitud de diminutas máquinas constructoras que los saludaban con amistosos gorjeos. Los grandes autómatas de guerra quedaron en silencio cuando sus fuentes de energía se agotaron, y sus afiladas zarpas y letales cuchillas habían quedado paralizadas a mitad de golpe. El Panópticon había desaparecido. Ni siquiera los grandes puntales seguían en pie. El núcleo de maná parecía un poco más pequeño que antes y ya no era tan brillante. La esfera de energía despedía una suave calidez que bañaba el interior.
Por primera vez, que Glissa recordara, el destino del mundo no ocupaba sus pensamientos. Sólo un dolor de cabeza de mil demonios.
¿Cómo lo hiciste? —preguntó.
¿El qué? —respondió Slobad.
Recuerdo que me abalancé sobre Memnarch, y él empezó a caer. Teníamos en las manos el…
Oh, eso —dijo Slobad—. Fue bastante gracioso, ¿eh? Mientras Memnarch caía, lo soltaste y te golpeaste la cabeza en la plataforma. Memnarch desapareció en la gran esfera —añadió—. Luego se desencadenó la gran onda de energía y, tras unos minutos, Slobad se desvaneció. Desperté no muy lejos de aquí. Tú también estabas allí. Dormida. Has pasado varios días durmiendo.
Así que hemos ganado —dijo Glissa—. Pero si he estado varios días durmiendo… ¿dónde está todo el mundo? Seguro que, si han cesado los ataques, habrán enviado a alguien a buscarnos.
Slobad también pensaba lo mismo, ¿eh? Fue a comprobarlo —dijo el trasgo. Sacó la cadenita con los encantamientos que Bruenna le había dado a la elfa y se la puso en la mano—. Guarda esto tú, ¿eh? Este trasgo ha pasado en el aire tiempo de sobra para varias vidas.
Glissa se colgó la cadena del antebrazo y reprimió el impulso de ponerse a chillar. Si habían ganado la batalla contra Memnarch pero habían perdido la guerra…
¿Qué viste?¿Están… están muertos?
No están nada —dijo el trasgo—. Han desaparecido. Todos los nim han muerto, ¿eh? Y las máquinas no funcionan, salvo las pequeñitas. —El trasgo permitió que una de ellas, con la forma de Memnarch, se le subiera por un brazo y volviera a bajar por el otro—. Slobad tiene una teoría.
¿De veras?
¡Aunque no te lo creas, Slobad puede formular teorías! Son… Las trampas de almas. No puedo explicar cómo lo sé, pero cuando Slobad estaba conectado a esa máquina, sintió una… una descarga de maná. Y las trampas han desaparecido también, ¿eh?he tenido varios días para buscarlas.
¿«Descarga de maná»? —preguntó Glissa, conteniendo una sonrisa divertida—. Has pasado demasiado tiempo en ese aparato. —Se inclinó y besó al trasgo en la frente—. Me alegro de que hayas recuperado los brazos y las piernas. Tenías un aspecto horrible.
Bueno, sí, cosas de magia. Una locura —continuó el trasgo, indicando con un ademán a la próxima esfera de maná, que seguía chisporroteando, llena de energía, sobre sus cabezas—. Cuando desperté, ahí estaban. Uno nunca sabe lo que va a hacer la magia, ¿eh?
Espera —dijo Glissa—. Si todas las trampas de almas han desaparecido, ¿por qué nosotros seguimos…?
¡Atrás, alimaña!¡Que te mato!¡Os mato a todos!¡Atrás!
Llamaradas —dijo Glissa. Desenvainó la espada y corrió en dirección a la voz. Slobad la siguió, caminando con exagerado cuidado sobre la alfombra de maquinitas.
Cierra esa… Largo de… ¡Au!¡Os voy a hacer pedazos!
¿Con los dientes? —preguntó Glissa. La cabeza de Geth descansaba junto a una esfera plateada y perfecta del tamaño del puño de la elfa, metida en un cofre de plata de grandes dimensiones con una suave tapicería de color púrpura. La coriácea piel gris que cubría el cráneo del nigromante parecía más tersa, y los ojos negros habían rejuvenecido ligeramente. Ni siquiera apestaba tanto como antes—. Geth, ¿por qué sigues aquí? Slobad, ¿por qué sigue aquí?
¡Glissa! —exclamó la cabeza—. ¡Aleja esas cosas de mí! Estaba echando una siestecita cuando uno de estos insectos averiguó cómo abrir la mochila y…
¿Por qué está aquí si todas las trampas de almas han desaparecido? —dijo Glissa, sin dirigir la pregunta a nadie en particular—. ¿Por qué seguimos nosotros aquí, Slobad?
A eso puedo responder yo —dijo Geth—. Me han dado un mensaje. Pero primero, tienes una promesa que cumplir.
¿De qué estás hablando, cabeza? —dijo Slobad.
He dicho que alguien me ha dado un mensaje para vosotros dos. Pero ya he trabajado gratis demasiado tiempo. Glissa me debe un cuerpo. Sin cuerpo, no hay información.
¡No hay trato! —gruñó Slobad, encantado de haber encontrado finalmente alguien en quien descargar su furia a puntapiés.
Espera, Slobad —dijo Glissa—. Geth, aquí no hay nadie más. No siquiera cuerpos. —Recogió uno de los escurridizos mini Memnarchs, que soltó un zumbido de irritación y sacudió sus cuatro patas en el aire—. Sólo éstos.
Slobad le arrebató la criaturilla de la mano, se la acercó a la cara y empezó a susurrar. Asintió varias veces, como si hubiera recibido una respuesta. Finalmente, el trasgo devolvió a la criatura al suelo, y ésta se situó junto al cofre abierto.
Muy bien, cabeza —dijo el trasgo—. Este amiguito está dispuesto a servirte de cuerpo. ¿Te parece bien?
Geth reflexionó un momento, chasqueando la lengua contra lo que le quedaba de se mejilla.
¿Hará lo que yo le diga? —preguntó.
Por ahora. Al cabo de un tiempo, hará lo que pienses —dijo el trasgo.
Slobad, ¿puedes hacer eso que dices? —preguntó Glissa.
Sí, sí… puedo —dijo Slobad, un poco sorprendido—. Y también puedo hablar con ellos. Éste se ha presentado voluntario, así que por mí está bien, ¿eh? —El trasgo se inclinó discretamente hacia la elfa y susurró—: Creo que te tienen un poco de miedo, así que éste hará lo que sea con tal de que no achicharres a sus camaradas. Cuando les digo que no vas a hacer, no me creen. Trata de no pisar a ninguno, ¿eh?
No creo que pudiera aunque quisiese —dijo Glissa en voz baja—. Ha desaparecido, Slobad. La chispa. Ya no la siento. —Era cierto. Trató de alcanzar la energía, pero la había abandonado. Se sintió aliviada y huérfana al mismo tiempo.
¡De acuerdo! —los interrumpió Geth—. Siempre puedo conseguir algo mejor. Mirad a Memnarch.
Bien —dijo Glissa, encantada de tener otra cosa en que pensar—. Ahora habla.
No, hasta que no…
Geth, lo hará. Pero habla. O te atravieso el cráneo con esa bola. ¿Qué es, por cierto?
De acuerdo, de acuerdo —dijo Geth—. ¿A quién voy a contárselo, si no? Había un gólem. Dijo que me asegurara de que encontrabais la esfera.
¿Bosh? —dijo Slobad, boquiabierto—. ¿Bosh está vivo?
No seas estúpido —dijo Geth—. El gólem del que hablo era grande y estaba hecho de mercurio, como bien sabes. Como si fuera líquido y sólido al mismo tiempo. Un tipo amable. Dijo que se suponía que debías guardarle esa bola, y que volvería. Si queréis, podéis esperarlo. Y una cosa más. O dos, en realidad. Levantadme.
No —dijo Glissa—. Slobad, ¿es cierto eso?¿Recuerdas algún gólem?
Puede —dijo Slobad, rascándose la cabeza—. Me resulta familiar, pero… —se encogió de hombros—. Lo siento.
Le-Van-Tad-Me —dijo Geth—. Es parte del mensaje. El cofre tiene un doble fondo.
Y un doble sentido, si me preguntáis a mí —murmuró Slobad, pero Glissa hizo lo que Geth le pedía. Colocó el extremo cercenado de la cabeza sobre el pequeño y paciente memnita. Geth se hundió sobre la diminuta máquina como un gelfruto en un exprimidor. La elfa levantó el suave forro del cofre y encontró dos objetos rectangulares y brillantes, de pequeño tamaño, que resultaban cálidos al contacto.
Slobad, son trampas de almas, las nuestras —susurró Glissa—. ¿Puedes sentirlas?
Sí —dijo el trasgo—. Es como oírse a uno mismo hablando en otra habitación.
Bueno, pues el gólem… Oye, esto no está tan mal… El gólem dijo que Memnarch las había guardado en un lugar seguro. Cuando todo estalló, estaban protegidas —les explicó Geth.
¿Y por qué sigues tú aquí? —preguntó Slobad—. Sólo veo dos trampas de almas. ¿Dónde está la tuya?
Yo llevo muerto varios años —dijo Geth—. No tengo trampa de alma.
¿Sabes lo que significa ésto? —dijo Glissa—. Que podemos regresar. Volver al mundo del que Memnarch nos sacó. Si rompemos las trampas.
El gólem dijo que la elección era vuestra —dijo la cabeza. Podéis romperla y desaparecer o esperarlo.
Parece una trampa —dijo Glissa.
Slobad se inclinó y recogió la esfera de plata. La miró durante largo rato y luego se la guardó en el hatillo. A continuación, cerró lentamente la tapa del cofre.
Yo creo que deberíamos esperar. Slobad ha pasado toda la vida ocultándose del mundo. Sabemos que todos están a salvo, ¿eh? Ahora Slobad ya no tiene por qué seguir escondiéndose. Y hay algo… Slobad no sabe por qué, pero siente que puede confiar en ese gólem. —El trasgo se inclinó y le dio unas palmaditas a una de las pequeñas máquinas—. Además, no quiere dejar a todos estos amiguitos a solas con Geth, ¿eh?
Glissa miró la caja fijamente. Podía abandonar aquel mundo, y regresar a un hogar que ya no recordaba. O podía quedarse con su amigo y explorar Mirrodin de un modo que nunca le había sido posible. Puede que, algún día, encontrara algunas respuestas.
¿Estás seguro de que no hay nada que quieres contarme? —dijo—. Estás actuando de forma más rara de lo normal.
Claro que no —dijo Slobad—. Es sólo una sensación extraña. Slobad está feliz de volver a tener brazos, piernas y ojos, ¿eh? Quiere usarlos un poco.
Glissa se quedó mirando el núcleo de maná y entonces cogió la mano de Slobad. La alfombra de criaturillas se separó para formar una larga vereda que desembocaba en la entrada de la cavidad verde.
¿Sabes que nunca terminamos de ponerle nombre a la nueva luna? —dijo—. Creo que me gusta «Lyese».
Buen nombre, ¿eh? —dijo Slobad.
esperad, ¿qué estáis haciendo? —gritó Geth—. ¡Trasgo, aún no has acabado el trabajo!¡Máquina, te ordeno que lo sigas!¡Adelante, estúpida criatura!¡Adelante!
Va a tener que aprender a pedir las cosas con más amabilidad —dijo Slobad—. No les gusta que les griten.
Ya se dará cuenta —respondió Glissa—, pero lleguemos a la superficie antes de que lo haga.

* * * * *

Bruenna sonrió al ver que los jinetes leonin, a lomos de sus zauks, coronaban la loma y descendían por la vereda hacia la ribereña aldea de Lume. Las grandes aves terrestres parecían un poco fuera de lugar tan lejos de las praderas, y algunos de los leonin de aspecto más juvenil miraban boquiabiertos el deslumbrante océano azul que se extendía más allá del asentamiento. La hechicera se preguntño si lo que se decía sobre los felinos y el agua se aplicaría también a los hombres gato.
Los trasgos habían accedido también a enviar emisarios, y esperaba la pronta llegada de Dwugget. La ceremonia de la firma del tratado era más que nada una formalidad, pero sería la primera vez que los líderes de los elfos, los trasgos, los leonin y los humanos se reunirían en un mismo lugar. El tratado le había costado meses de esfuerzos y de negociaciones, pero sus anteriores experiencias con los elfos le habían sido de gran ayuda. La alianza pondría fin a miles de años de conflictos absurdos. Los humanos y los elfos habían demostrado a los demás pueblos que era posible. No obstante, se alegraba de que Yulyn hubiera accedido a su sugerencia de salir de cacería aquella mañana. Prefería recibir a los leonin sin que estuviera presente el viejo elfo. Era un hombre bueno y honorable, pero en ocasiones podía ser bastante rudo.
Lyese —llamó a su aprendiz, que seguía en el estudio. La elfa salió cargada con una montaña de pesados volúmenes encuadernados en cuero, que medio dejó caer, medio depositó sobre le sólida mesa de madera que ocupaba el centro de la sala de conferencias.
Ya casi han llegado —dijo Bruenna.
Son espléndidos —dijo Lyese con la voz entrecortada.
Controla tu admiración —dijo la hechicera, sonriendo—. No queremos asustarlos.
Los jinetes leonin detuvieron a sus monturas y su líder desmontó con agilidad. Se quitó el yelmo de plata y sacudió una larga melena que era un poco más oscura que su dorado pelaje.
Kha Raksha Cachorro Dorado —dijo Bruenna mientras salía al sol y recibía al leonin con una profunda ceremonia—. En nombre de mi pueblo, los humanos de Lume, y en el de nuestros aliados, los elfos de Jilad, os doy la bienvenida.
El honor es nuestro, dama Bruenna —dijo Raksha—. Estamos encantados de conocerte al fin.


-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------



Acerca del autor
Cory J. Herndon es escritor y actualmente(2005) trabaja como editor de contenidos para Xbox.com y la página web oficial del juego de rol de Star Wars, entre otros. Ha editado numerosos suplementos del juego de rol de Star Wars y es editor de Magic: The Gatherin Startes Game Strategy Guide, Magic: The Gathering official Encyclopedia Vol. 5, el relato corto «Like Spider’s Silk» y coautor del suplemento de Star Wars, Antologñía alienígena completa.
Todas estas características lo convierten en un excelente candidato para explotar los más lejanos confines de Mirrodin, donde, a pesar de verse perseguido por niveladores, vedalken y otras criaturas terribles, al menos está a salvo de las depredaciones de los editores.
Volver arriba Ir abajo
Gabrix78
Morfoide
Morfoide
avatar


Cantidad de envíos : 2805

Masculino Edad : 39
Localización : Argentina
Fecha de inscripción : 25/04/2011
Reputación : 184
Actividad : 6143
Especial : Historiador de Magic

Ver perfil de usuario

Mensaje(#) Tema: Re: El Quinto Amanecer - Epílogo 13/06/17, 01:52 pm

¡Muchisimas GRACIAS; GRACIAS Y GRACIAS ZIMBA por habernos traído estas tres novelas y así poder completar todos los ciclos! ¡Genio!

Un gran abrazo y si Dios quiere seguimos en contacto.

Gabrix
Volver arriba Ir abajo
GleeMox
Elegido de Nissa
Elegido de Nissa
avatar


Cantidad de envíos : 447

Masculino Edad : 30
Localización : Argentina
Fecha de inscripción : 07/04/2014
Reputación : 9
Actividad : 502

Ver perfil de usuario

Mensaje(#) Tema: Re: El Quinto Amanecer - Epílogo 14/06/17, 11:15 pm

Mil Gracias!
Volver arriba Ir abajo
shito316
Murciélagos de Sengir
Murciélagos de Sengir



Cantidad de envíos : 60

Masculino Edad : 35
Localización : bolivia
Fecha de inscripción : 26/08/2014
Reputación : 0
Actividad : 64

Ver perfil de usuario

Mensaje(#) Tema: Re: El Quinto Amanecer - Epílogo 12/11/17, 09:46 pm

genial aprote la novela terminada y el ciclo mas...
buen aporte aunque escriba meses despues...
salu2
Volver arriba Ir abajo
makenshi23
Reclutas Orcos
Reclutas Orcos



Cantidad de envíos : 3

Masculino Edad : 35
Localización : lima peru
Fecha de inscripción : 09/01/2016
Reputación : 0
Actividad : 3

Ver perfil de usuario

Mensaje(#) Tema: Re: El Quinto Amanecer - Epílogo 13/11/17, 05:13 am

muchas gracias por completar esta saga.
lo que haces no tiene precio Xd 
eres un heroe!!!
Volver arriba Ir abajo
Contenido patrocinado





Mensaje(#) Tema: Re: El Quinto Amanecer - Epílogo

Volver arriba Ir abajo
 

El Quinto Amanecer - Epílogo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba 
Página 1 de 1.

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
FORO MAGIC THE GATHERING :: GENERAL :: VUESTROS ARTICULOS :: Novelas de Magic-